domingo, 4 de noviembre de 2012

BB King: “Quiero seguir mejorando”


BB King: “Quiero seguir mejorando”



A los 87 años, volvió a su Indianola natal para hacer un show para amigos y viejos vecinos. Aprovechó la visita para hablar de su vida, que ya tiene su propia película, y de cómo llegó a ser uno de los bluseros más importantes. Además, su amor por las guitarras y las mujeres.




Asoma la luna en cuarto creciente y un coro de cigarras anuncia el inminente ocaso, acoplándose ahora al sonido de la banda; el baterista pesca el ritmo de fondo y el animador anuncia: “Qué les parece si Indianola da la bienvenida a su tierra natal al incomparable Rey del Blues: ¡BB KING!” Y entonces llega, aplaudido, el último de los maestros del blues, que luce orgulloso sus 87 años. “¿Linda noche, no?”, dice, y presenta a su sobrino en el saxo. Algunos de sus 15 hijos (todos de madres diferentes) y sus innumerables nietos se encuentran entre el público, aunque una de sus hijas acaba de morir recientemente de diabetes, igual que la madre de BB. Ya sobre el fondo de un resplandor lila en el cielo del oeste -y hacia el este el pueblo de Itta Bena, donde nació- BB se sienta y comienza el show. 



Esto es un amontonamiento, no una multitud, en realidad. La ciudad vino a escuchar a su hijo famoso: en su mayoría negros -en familias, muchas con canasta de picnic-, más algunos blancos con cola de caballo, barbas estilo ZZ Top u otras expresiones de inconformismo. Está, entre otros, Alfred Knox -uno de los 11 hijos con ocho propios (y 21 nietos)- que abandonó Misisipi por Milwaukee cuando tenía 19 años, con el sonido de Honeyboy Edwards cuando tocaba en los bares resonando en sus oídos, y que ahora volvió con su sobrino Gervis para escuchar a BB, para escuchar y hablar de blues, para hablar de política.


Esta vida notable es contada en el cine. 


The Life of Riley , de Jon Brewer, estrenada este mes, fue realizada después de horas de conversación con BB King, con las personas alrededor de las cuales creció y las que siguieron su ejemplo.
Más importantes que los tributos de las estrellas -Eric Clapton, Keith Richards, Bono y demás- son los recuerdos de gente como John Fair y Clemmic Trevellaine, que se sientan en el porche de su casa para recordar el día que aquel Riley B King de nueve años llegó en bicicleta a su casa para vivir en los campos de algodón, trabajar detrás de un arado, sostener las riendas de una mula.
“Recuerdo un grito”, dice BB. “Cuando iba sosteniendo las riendas de una mula que arrastraba una azada por los campos de algodón”. El grito del campo era un lamento cantado en una escala menor por una sola voz, explica. Es el descendiente de los cánticos y los responsorios de los esclavos que dieron origen al blues. También funcionaba como una comunicación para avisar a los otros en el campo que venía el jefe o cualquier cosa que hiciera falta. “Sí, en el grito comenzó el blues. Siento que está en todos nosotros”.
Riley B King nació el 16 de septiembre de 1925, nieto de un esclavo. Se mudó al poco tiempo con su madre al pueblo de Kilmichael, en Hill Country, donde trabajaría como peón y escucharía los discos de Blind Lemon Jefferson de su tía. Su tío, el grande del blues Bukka White, solía visitarlo desde Memphis. Tocaban y cantaban.
Primero murió la madre de BB, luego la abuela, a cuyo cuidado había quedado. “El blues -escribiría más tarde- sangraba igual que yo”. Cosechando algodón por 75 centavos diarios, BB codiciaba la guitarra del predicador local y hasta tenía permiso para “tocar unos pocos acordes que me había enseñado”. Más tarde, él se fabricó una, dice: “La hicimos con cable, del que se usa para hacer fardos de algodón y atándolo al palo de una escoba. Al aplastarlo, el sonido cambiaba, y tocaba música”.

Hubo luego un período poco feliz con la familia de su padre más al sur en Lexington. Allí, BB presenció el linchamiento y la castración de un muchacho negro por una pandilla blanca. Riley King escapó de Lexington y de la nueva familia de su padre, yendo en bicicleta “como un murciélago saliendo del infierno, para no volver nunca”, de regreso a Itta Bena.
Con nueve años, Riley King estaba nuevamente en el Delta. Los sábados por la noche, los trabajadores abandonaban los campos para ir a la ciudad. “Yo espiaba entre los listones en un lugar donde tocaré esta noche que llaman Club Ebony”, recuerda BB, “para escuchar tocar a Count Basie, Charlie Parker, también, y ver a todas las mujeres bellas con vestidos ajustados bailando”. Varias aventuras mediante, BB cumplió su sueño de llegar a Memphis para tocar.
En Beale Street, Memphis, más cerca de su Misisipi natal, llegó a forjar un timbre más redondeado y menos indómito que el Muddy o el Wolf, con una banda más grande que incluía secciones de bronces y ritmo. Blues Boy King –abreviado a BB- se convirtió en una estrella de la radio en WDIA, la emisora de blues en Memphis. Formó su banda, se aseguró de realizar giras en un autobús, hizo amigos para toda la vida, dejó a su primera esposa y dio rienda suelta a su amor por las mujeres.
“He soportado más humillaciones de las que me interesa recordar”, escribió King en su autobiografía Blues All Around Me . No está tan satisfecho como cabría suponer con el “progreso” desde aquellos malos tiempos. Es cierto que hizo un jam en la Casa Blanca con un presidente negro, y hay un BB King Day en el calendario del Misisipi, pero su bandera estatal es un emblema confederado también. “Hemos recorrido un camino muy largo, pero no llegamos lo bastante lejos”, dice BB King. Le pregunto si es consciente de su papel en ese “largo camino” desde que vio cómo linchaban a un hombre y bombardeaban un hotel con Martin Luther King. “Me gustaría pensar que dejé una pequeña huella en la arena”, responde, pero abraza a un niño que está a nuestro lado. “Aquí este niño tiene la misma edad que yo cuando sostenía las riendas de una mula. Él nunca conocerá esa época, pero me pregunto qué verá cuando crezca. Me lo pregunto...” Para cuando BB King grabó probablemente su mejor disco, Live at the Regal , en 1964, Estados Unidos en general y gran parte del Estados Unidos negro habían olvidado el blues a favor del rock’n’roll y el soul embrionario. Pero John Mayall nutría un grupo que incluía a Eric Clapton, Peter Green y Mick Taylor, después de Cream, Fleetwood Mac y los Stones.
“Me habrán oído llamarme a mí mismo un hombre del blues y un cantante de blues”, dice. “Yo me llamo a mí mismo cantante de blues, pero nunca me han oído llamarme guitarrista de blues. Bueno, eso es porque ha habido muchos mejores que yo, que tocan blues mejor que yo. Creo que muchos de ellos me dijeron cosas, me enseñaron cosas. Pero simplemente no son yo, eso es todo. No son BB King”. Es una observación que enfatiza la supremacía de la voz de BB King, ese tono áspero sumamente expresivo.
BB King termina la entrevista con una observación que evidencia una verdadera grandeza. “Me parece que he hecho lo mejor que podía hacer. Pero sigo queriendo tocar mejor, llegar más lejos. Cuando era más joven creía que había alcanzado quizás ese pico. Pero ahora tengo 86 y si llego al mes próximo, tendré 87. Y ahora sé que nunca puede ser perfecto, nunca puede ser exactamente lo que debería ser, por eso quiero seguir mejorando”.
En cuanto al tema mujeres, ahora dice: “Nunca conocí a una mujer que no me gustara. Las amo a todas, con sus distintas modalidades”. Como era de esperar, justo en ese momento una dama reclama su atención. “Si encuentro una linda esposa que me dé una oportunidad, tal vez regrese a Indianola”. Se vuelve hacia la dama : “¿Es casada?” “No, señor”, responde ella. “No debería decirme esas cosas”, responde King.
 Por Ed Vulliamy. The Guardian. Especial para Clarín

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